miércoles, 9 de abril de 2008

la segunda muerte de los dioses (primer capitulo)

El error comenzo desde que el hombre descubrio la curiosidad y el concepto de el desafio. En el caso de los dioses mesoamericanos, el mas importante ya habia llegado en 1519. Oloroso a sobacos y montado a caballo, se le nego su origen español y le otorgaron el puesto de serpiente emplumada. 493 años despues, la llegada real de Quetzalcoatl no fue planteada para recibirlo con plumas de aves bellas, cazuelas llenas de oro en todas sus formas, mascaras de oxidiana y jade o xolos guardianes.  A Quetzalcoatl se le recibio en un zocalo polvoso de Tenextepango Morelos, a las 8:00 a.m. sus obsequios de bienvenida eran envolturas brillosas de papel celofan: gansitos, churrumais, takas-takas, triquis traques, botellas de cerveza corona (vacias y con tajadas de limones chupados) botellitas de frutsi, cajetillas de cigarros americanos, bolsas de plastico de la tienda wal-mart de Cuautla, una caja de jitomates podridos y un perro muerto con el estomago inflado a punto de reventar.

En verdad nadie lo esperaba; apenas la noche anterior habian tenido una fiesta en el zocalo y nadie tenia en la mente la llegada de un dios. De haber sido ese el caso, hubieran barrido, pintado las bancas, y limpiado las cacas de las palomas, el presidente municipal hubiera quitado toda la publicidad de su partido politico, y hubiera escondido a los 4 viejitos pordioseros que merodean entre el zocalo y el mercado. El dios no tenia aspecto ni de vibora ni de pajaro: era un viejito rubio y arrugado, con calzones y camison de manta, la unica alaja que tenia era un brazalete muy discreto que tenia una piedra turqueza, una piedra de jade y una piedra de oxidiana, eso era todo. Venia descalzo y con los pies polvosos con las uñas de sus pies tan crecidas y negras como las de un garrobo. El unico aspecto de vibora que conservo fue su trayectoria desde una playa solitaria en las costas de veracruz hasta el estado de morelos, sin importar carreteras, casas, rios, bardas, postes de luz y cualquier otro obstaculo, su recorrido fue recto y con el ritmo de una culebra que se desplaza sin que uno se de cuenta. Tanta perfeccion fue la que lo hizo caer rendido en plena plaza confundiendose con el paisaje hasta el medio dia, cuando quizo toser y le salieron quejidos de buitre que llamaron la atencion de una de las mujeres que salio por masa en esa mañana.

Toyita no podia dejar al viejito decrepito morir de una pulmonia o de un resfriado, ella era muy atenta y de hecho era la unica que sabia los nombres de los otros 4 pordioseros de tenextepango, ellos habian confesado sus nombres en una de las tantas ocasiones en las que toyita les ofrecio una quesadilla de flor de calabaza, un sopesito de frijoles, un taquito de sal o hasta calditos de res y asi fue como sucedio con la serpiente desplumada. Toyita le ofrecio un café de olla bien caliente con un chorrito de piquete para que le matara el parasito que cargaba en la garganta.

El viejo se lo agradecio en una lengua desconocida, pero se sabia lo que decia por que sus ojos verdosos hablaban en todas las lenguas. El viejo siguio en el zocalo varias semanas, toyita le seguia llevando comidas y el viejo le seguia hablando con los ojos y uno que otro quejido de pajaro de alas grandes. Este gran dios de antaño se convirtio en el quinto mendigo de la plaza, se consiguio un lugar con sombra en el kiosko de la plaza, donde se mantenia ocultado de las palomas cagonas, las tardes calientes y los vientos polvosos. Siguio en la esquina del kiosko por meses y cada vez su lenguage raro, los bramidos de pajaro y sus ojos verdes se hicieron uno solo, molestaron a los que pasaban por el zocalo y lo comenzaron a denominar como loco.

Toyita siguio con sus favores alimenticios, hasta que una mañana paso por el kiosko y el viejito ya no estaba.  Ni los 4 vagabundos que se vigilaban el uno al otro supieron en que momento se escapo de la constante vigilancia. Tres dias despues, un viejito con voz de pajaro habia sido arroyado en la plaza de  la ciudad de cuatla. Deforme, tieso y tembloroso, paso los ultimos minutos de su vida apretando con toda la fuerza que le quedaba en sus puños, la envolutura de un gansito, de unas sabritas, la botellas aplastada de un frutsi y un espejito. Toyita nunca supo de su muerte y ningun mortal se percato de la llegada de Quetzalcoatl.

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